Ábreme los ojos, Señor Dios…

Ábreme los ojos, Señor Dios…

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Imagen de Maribel Malavé

Maribel Malavé

“Pon la mirada en lo que tienes delante; fija la vista en lo que está frente a ti.”
-Proverbios 4:25

“Ábreme los ojos, Señor Dios…”. Mientras escuchaba este cántico, el Señor me decía: «¿Realmente quieres que te abra los ojos? ¿Estás preparada?». Él me decía: “Porque para ver mi manifestación tienes que mirar más profundo”. Quedé en shock por un momento.

Si le diéramos una definición a los ojos físicos, ¿cómo sería? La visión normal se presenta cuando la luz es enfocada directamente sobre la retina y no al frente ni detrás de ella. Una persona con visión normal puede ver objetos claramente estando cerca o lejos.

“Pon la mirada en lo que tienes delante; fija la vista en lo que está frente a ti.”
-Proverbios 4:25

Los ojos espirituales se definen como la capacidad interior, más allá de la vista física, para percibir realidades divinas, verdades profundas y la dimensión espiritual de la existencia. A menudo, esta capacidad está asociada con la fe, el discernimiento y la conciencia elevada.

Representan una «segunda vista» que permite comprender la voluntad de Dios y el funcionamiento del alma, y discernir lo invisible.

“El SEÑOR abre los ojos a los ciegos, el SEÑOR levanta a los caídos, el SEÑOR ama a los justos.”

-Salmos 146:8

El Señor nos dice en su palabra en (Lc. 11:33-36):
“La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?”.

Decía un anónimo que tus ojos hablan todas las palabras que tu boca no dice. A veces solo necesitamos una mirada que lo diga todo.

Necesitamos que Dios abra nuestros ojos espirituales para poder cumplir su misión en esta tierra. Tener los ojos espirituales abiertos se refleja en el mundo físico, en cómo y hacia dónde nos movemos.

Pídele al Señor que abra los tuyos. Jesús nos enseña a cuidar lo que vemos, pensamos o deseamos.

¡Bendiciones!

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