Actitud de Adorador: Más allá de lo que Sentimos

Actitud de Adorador: Más allá de lo que Sentimos

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Moraima De Hoyos Ruperto

“Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él.”
-Proverbios 23:7

A menudo confundimos lo que sentimos con lo que somos, pero existe un lugar más profundo donde se define nuestra verdadera esencia: nuestras actitudes. Para entender nuestra vida espiritual, primero debemos preguntarnos: ¿Cuáles son nuestras actitudes?

La actitud, en sentido general, es la disposición interna y relativamente estable con la que interpretamos, sentimos y respondemos ante personas, situaciones o ideas. En palabras sencillas, es la inclinación interna del corazón y la mente que orienta y predispone a cómo vemos las cosas y cómo actuamos ante ellas.

Nuestra actitud no es un impulso aislado; se construye a través de tres componentes fundamentales que operan en nuestro interior:

  • Cognitivo (lo que pienso): Nuestras creencias y evaluaciones, por ejemplo, cuando pienso: “Dios es fiel”.
  • Afectivo (lo que siento): Las emociones asociadas a lo que pienso, ya sean la gratitud o el enojo.
  • Conductual (lo que hago): Esa tendencia a responder de manera coherente, ya sea para obedecer y rendirse o para quejarse y resistirse.

La Biblia nos define muy bien qué son las actitudes en Proverbios 23:7:

«Porque cual es su pensamiento en su corazón, tal es él.»

Es vital distinguir nuestra posición interna de nuestros sentimientos pasajeros. Mientras que la emoción es breve e intensa y el estado de ánimo es difuso y duradero, la actitud es una orientación relativamente estable hacia un objeto o tema.

Aplicado a nuestra vida de fe, la actitud de adoración integra:

  1. Creencias: «Dios es soberano y bueno y tiene todo el control de mi vida».
  2. Emociones: como la gratitud incluso en la dificultad.
  3. Conductas: acciones de obediencia, rendición y alabanza.

En el extremo opuesto se encuentra la actitud de queja, que se alimenta de creencias de incredulidad, emociones de inconformidad y conductas de murmuración.

“Adorar son acciones de gratitud, humillación y obediencia más allá de las circunstancias y las emociones.»

Debemos recordar que Dios no está buscando cantantes ni canciones bonitas; Él está buscando adoradores verdaderos.  La adoración es mucho más que un acto externo: es una postura interna sostenida por un corazón agradecido, rendido y humilde. Aun en temporadas difíciles, la gratitud sostiene la adoración, porque no se apoya en lo que vemos, sino que confía plenamente en el carácter inmutable de Dios.

 

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