¿Cómo sano una herida?

¿Cómo sano una herida?

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Imagen de Sandra Quiñones Barriera

Sandra Quiñones Barriera

“31 Líbrense de toda amargura, furia, enojo, palabras ásperas, calumnias y toda clase de mala conducta. 32 Por el contrario, sean amables unos con otros, sean de buen corazón, y perdónense unos a otros, tal como Dios los ha perdonado a ustedes por medio de Cristo.”

-Efesios 4:31-32
En la Biblia, varios personajes experimentaron heridas emocionales profundas, incluyendo a David, Elías, Jeremías, Job y Jonás. Estos hombres, a pesar de su fe, lidiaron con sentimientos de tristeza, desesperación y, en algunos casos, depresión.
Personajes bíblicos que sufrieron emocionalmente:
  • David:
    Es considerado uno de los personajes más emotivos del Antiguo Testamento. Sus Salmos reflejan altibajos emocionales, desde la alabanza a Dios hasta momentos de profunda angustia y sentimiento de abandono.
  • Elías:
     Experimentó momentos de gran temor y desesperación, llegando a pedir la muerte tras huir de Jezabel.
  • Jeremías:
    Conocido como el «profeta llorón», Jeremías experimentó un dolor profundo por el pecado y sus consecuencias, expresándolo a través de sus lágrimas.
  • Job:
    A pesar de su fe, Job enfrentó un sufrimiento inmenso, tanto físico como emocional, cuestionando a Dios y experimentando la desesperación.
  • Jonás:
    Experimentó frustración y enojo después de que Dios perdonara a Nínive, mostrando una falta de compasión y una herida emocional por el fracaso de su misión.

Otros ejemplos de sufrimiento emocional:

  • Jesús:
    En el Nuevo Testamento, Jesús experimentó la angustia y el dolor de la traición, el juicio injusto y la crucifixión, mostrando una profunda tristeza y sufrimiento humano.
  • Lázaro:
    La muerte de su amigo Lázaro causó una profunda tristeza y llanto en Jesús.
  • Agar:
     La Biblia relata el trauma emocional que sufrió Agar al ser rechazada por Sara y Abraham.
La Biblia no solo muestra momentos de alegría y victoria, sino que también reconoce la realidad del sufrimiento humano, incluyendo el dolor emocional, la tristeza y la desesperación.
Estos ejemplos sirven como recordatorio de que la fe no elimina el sufrimiento, pero puede ser una fuente de fortaleza y esperanza durante los momentos difíciles. La Biblia también ofrece consuelo y sanación para las heridas emocionales, mostrando que Dios puede vendar y restaurar las áreas heridas de nuestras vidas.
Es por ello que te invitamos a que como el Salmista abras tu corazón al Señor y lleves tu sufrimiento delante de Él.
Salmos 41 – Nueva Traducción Viviente
(Para el director del coro: salmo de David)
1 ¡Qué alegría hay para los que tratan bien a los pobres!
El Señor los rescata cuando están en apuros.
2 El Señor los protege y los mantiene con vida;
los prospera en la tierra y los rescata de sus enemigos.
3 El Señor los atiende cuando están enfermos
y les devuelve la salud.
4 «Oh Señor, ten misericordia de mí —pedí en oración—,
sáname, porque contra ti he pecado».
5 Pero mis enemigos solo hablan mal de mí.
Preguntan: «¿Falta mucho para que se muera y pase al olvido?».
6 Me visitan como si fueran mis amigos,
pero, mientras tanto, juntan chismes
y, cuando se van, los divulgan a los cuatro vientos.
7 Los que me odian susurran cosas acerca de mí
y se imaginan lo peor.
8 «Tiene alguna enfermedad fatal —dicen—.
¡Jamás se levantará de la cama!».
9 Hasta mi mejor amigo, en quien tenía plena confianza,
quien compartía mi comida, se ha puesto en mi contra.
Salmos 55:4-14
4 Mi corazón late en el pecho con fuerza;
me asalta el terror de la muerte.
5 El miedo y el temblor me abruman,
y no puedo dejar de temblar.
6 Si tan solo tuviera alas como una paloma,
¡me iría volando y descansaría!
7 Volaría muy lejos,
a la tranquilidad del desierto. Interludio
8 Qué rápido me escaparía,
lejos de esta furiosa tormenta de odio.
9 Confúndelos, Señor, y frustra sus planes,
porque veo violencia y conflicto en la ciudad.
10 Día y noche patrullan sus murallas para cuidarla de invasores,
pero el verdadero peligro es la maldad que hay dentro de la ciudad.
11 Todo se viene abajo;
las amenazas y el engaño abundan por las calles.
12 No es un enemigo el que me hostiga;
eso podría soportarlo.
No son mis adversarios los que me insultan con tanta arrogancia;
de ellos habría podido esconderme.
13 En cambio, eres tú, mi par,
mi compañero y amigo íntimo.
14 ¡Cuánto compañerismo disfrutábamos
cuando caminábamos juntos hacia la casa de Dios!

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