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¡Ebenezer! Hasta aquí nos ayudó el Señor
Moraima De Hoyos Ruperto
“Hasta aquí nos ayudó el Señor.” 1 Samuel 7:12
Hay días en los que el cansancio y las dificultades se sienten más grandes que nuestras fuerzas. En esos momentos la Biblia nos invita a ejercitar la memoria espiritual. Recordar lo que Dios ha hecho no es un gesto romántico ni un simple repaso de recuerdos. Es un arma para recuperar el enfoque y volver a colocar al Señor en el centro. Moisés hizo exactamente eso con Israel. Antes de entrar en la tierra prometida, repasó el camino, señaló la fidelidad del Señor y advirtió sobre el peligro del olvido. No olviden quién los trajo hasta aquí. No olviden quién abrió el mar, quién proveyó, quién los cuidó en el desierto.
Cuando olvidamos lo que Dios hizo, el corazón se llena de voces que confunden. La murmuración interpreta la historia con sospecha. La incredulidad cuestiona el amor y el poder del Señor. La desobediencia apaga la guía del Espíritu. La subestimación nos hace mirar nuestras fuerzas y no el nombre del Dios vivo. Todo eso desemboca en desánimo. Los brazos caen y la mente se nubla. Por eso la Escritura ordena recordar y dar gloria al Señor por sus obras. Toda buena dádiva proviene de Él y su fidelidad no cambia.
Haz el ejercicio de escribir tu Ebenezer personal. Enumera las ocasiones en las que el Señor te sostuvo cuando pensabas que todo estaba perdido. Anota las puertas que se abrieron, las oportunidades que llegaron sin esperarlas, la palabra a tiempo que te levantó, la sanidad que tocó tu casa, la dirección que fuiste entendiendo paso a paso. Cuando lo nombres con gratitud, crecerá tu confianza para el presente. La memoria agradecida se transforma en adoración, y la adoración fortalece la fe para dar el siguiente paso.
Si hoy te sientes a un paso de rendirte, dile a tu alma lo que la verdad declara. El Señor va delante de ti, combate por ti y te carga como un padre a su hijo. No niegues el peso que llevas, pero deja que la voz de Dios sea más fuerte que el ruido. Levanta una piedra de memoria en tu corazón y llámala Ebenezer. Hasta aquí te ayudó el Señor. Desde aquí también.
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