Él hará resplandecer tu inocencia como el amanecer

Él hará resplandecer tu inocencia como el amanecer

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Moraima De Hoyos Ruperto

“Él hará resplandecer tu inocencia como el amanecer,
y la justicia de tu causa brillará como el sol de mediodía.”
-Salmos 37:6

Me encanta cómo comienzan estos versículos: “Hará resplandecer…” “Tu causa brillará…” “Sol de mediodía.”

Es una promesa de hacer justicia y de mostrarla a todos de todas las formas posibles. Nada va a quedar oculto; todo se va a esclarecer.

¿Alguna vez te has sentido señalado injustamente? ¿Alguna vez te han señalado sin piedad? ¿Alguna vez te has dicho: «y mi versión, alguien la puede escuchar»?

Pues la realidad es que ese día en que tu verdad sale a la luz es una promesa de Dios para tu vida. Pero, la parte difícil es la condición para ello:

Quédate quieto en la presencia del Señor,
y espera con paciencia a que él actúe.
No te inquietes por la gente mala que prospera,
ni te preocupes por sus perversas maquinaciones.
-Salmos 37:6-7

Otra vez, es esperar la justicia divina. Es un voto de confianza a nuestro Dios, entendiendo que, como Él lo haga, será mejor que como nosotros lo haríamos.

Hay que mostrar justicia sin intervenir con un corazón herido y por ello dañar el plan perfecto de Dios. Es precisamente eso de lo que nos habla el versículo 6, cuando dice: «Encomienda a Jehová tu camino y confía en él, y él exhibirá tu justicia como la luz y tu derecho como el mediodía». Así que implica que Dios nos hará justicia y sacará a la luz esa justicia a nuestro favor. Lo difícil está en esperar y confiar en que él lo hará.

¡Espera en silencio!

En el versículo 7, se nos recalca la necesidad de guardar silencio y esperar en él. ¿Cuál es la importancia de esperar en silencio?

Como humanos que somos, si hemos sido heridos y, sobre todo, injustamente tratados, nuestro deseo es defendernos y mostrar nuestra parte de la historia. Sin embargo, es muy probable que en ese momento tampoco actuemos justamente, sino que sean nuestras heridas las que hablen, y ahí dejaremos de ser justos y, mucho menos, tendremos un corazón alegre. Nuestras emociones estarán a flor de piel y, muy probablemente, lo que haremos será buscar herir a quien nos ha herido. Pero así no funciona nuestro Dios. Nuestro Dios es justo y busca hacer justicia restauradora.

Dios es un Dios de restauración, no de destrucción.

Oremos al Señor para que sane nuestras heridas y podamos esperar en su justicia.

-Salmos 147:3

Bendiciones
«Él sana a los quebrantados de corazón y les venda las heridas».

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