Hay que perdonar

Hay que perdonar

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Nilsa Santiago

“Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.”
-Efesios 4:32

Actualmente, estamos viviendo en un mundo en el que no se practica el perdón.  Todos los días, vemos en las noticias o leemos en los periódicos cuántas muertes ocurren. Muchas de estas muertes son por venganza.  Ej. Mujeres muertas por sus esposos e hijos que se rebelan contra sus padres, por deudas de dinero, etc.  

Durante el transcurso de nuestras vidas, hemos escuchado muchas veces estas palabras: “Hay que perdonar”.   Pero cuando nos hacen daño, nos olvidamos de perdonar y de tener misericordia.   

Cuántas veces, hemos escuchado estas frases:

  • “Yo no puedo perdonar jamás a esa persona”.

  •  “Te perdono, pero cuando tienen la oportunidad, te echan en cara la ofensa que cometiste.

  • “Te perdono, pero la amistad o la relación entre nosotros ya no será la misma”

  • “Te perdono, pero no olvido”.

El perdón del ser humano es con condiciones. El ser humano, en su naturaleza, no tiene la capacidad de perdonar. ¿Por qué no perdonamos? Por orgullo, pensamos porque he de humillarme para perdonar. Para castigar al ofensor o por rebeldía, o simplemente porque él me ofendió a mí, yo no lo ofendí.

Hay dos tipos de perdón, el humano y el Divino. El perdón Divino es inspirado por Dios, remueve el obstáculo (el pecado) y hace posible que el ser humano se reconcilie y restituya su amistad con Dios.  

Dios perdona tus pecados y no se acuerda más de ellos. (Isaías 43:25).  El perdón divino se encuentra en el sacrificio de Cristo en la cruz y, por esta razón, tenemos redención por su sangre. (Efesios 1:7). 

Dios es el que perdona (Daniel 9:9); la base de nuestro perdón es por la sangre de Cristo (Mateo 26:28), y el perdón de Dios es completo; no se acordará de tus pecados (Hebreos 10:17).

Yo, le doy gracias, a Dios por el sacrificio de su hijo Jesucristo en la cruz y por la sangre derramada por el perdón de mis pecados.  Dios es bueno, digno de ser alabado y glorificado, porque Él no perdona como nosotros, los seres humanos, que perdonamos con condiciones.  Su perdón es eterno; Él no nos echa en cara las cosas.  

Dios nos perdonó; él quiere que nosotros también perdonemos a nuestros ofensores (Efesios 4:32).  Sabemos que tenemos que perdonar, pero no lo hacemos y cuando no lo hacemos, Dios no perdonará nuestras ofensas tampoco (Mateo 6:14-15).   El que guarda raíces de amargura en su corazón por no perdonar está pecando contra Dios, porque Dios quiere que nos amemos y nos perdonemos los unos a los otros. 

Conclusión:

Es necesario perdonar porque Dios me lo ordena y porque él me perdonó.  Si queremos que Dios nos perdone, debemos estar dispuestos a perdonar también. El otorgar o  pedir perdón es un acto de misericordia, motivado por el amor de Dios.  El perdón está conectado con el arrepentimiento, la fe, la confesión,  y sobre todo, la obra de Cristo en la cruz. El perdón de Dios es un perdón incondicional y eterno.  Muchas veces no perdonamos porque nos falta el amor de Dios en nuestras vidas. Pidámosle a Dios que nos ayude y nos enseñe a perdonar.  

 

¡Que el Señor les bendiga!

 

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