¡Porque bendito es!

¡Porque bendito es!

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Nilsa Santiago

 

“Ninguna arma forjada contra ti prosperará, y condenarás toda lengua que se levante contra ti en juicio. Esta es la herencia de los siervos de Jehová, y su salvación de mí vendrá, dijo Jehová.”
-Isaías 54:17
La Biblia relata en el libro de Números, capítulos 22 al 24, que el rey de Moab, Balac, hijo de Zipor, quería maldecir al pueblo de Israel porque le tenía miedo, ya que eran numerosos y muy poderosos (Núm. 22:11).
El rey Balac decidió llamar a Balaam, hijo de Beor, un profeta y adivino que vivía en Petor, conocido por su capacidad para bendecir o maldecir. Balaam mostraba cierta conexión con Dios, pero también una cierta inclinación hacia la codicia y la desobediencia.
Balac contrató a Balaam con el propósito de maldecir al pueblo de Israel para poder derrotarlos en el campo de batalla. Se lo pidió tres veces (Núm. 22:6; 23:12; 23:27) y le ofreció mucho dinero. Finalmente, Balaam accedió después de que Dios le dio permiso, pero con la advertencia de que solo diría lo que Él le ordenara.
A pesar de las intenciones del rey, Balaam no pudo maldecir a Israel, y de su boca salieron tres bendiciones sobre el pueblo (Núm. 24:10). Balaam tuvo que reconocer que Dios había decidido bendecir y proteger a su pueblo.
Dios desea bendecir a su pueblo Israel y a todos sus hijos con paz, protección y abundancia de bendiciones. Como nos dice Isaías 54:17: “Ninguna arma forjada contra ti prosperará”. Cuando le sirves al Señor de corazón y le obedeces, tus enemigos, por más que lo intenten, no podrán hacerte daño; pues serán avergonzados. Jehová estará contigo como poderoso gigante (Jer. 20:11). Su pueblo debe anhelar obedecer sus mandamientos, darle gloria y honra, porque su amor por nosotros es eterno.
La historia de Balaam es un recordatorio de cómo la ambición y la codicia pueden llevar a la desobediencia y hacer perder las bendiciones de Dios. El mal que Balac quiso para Israel se tornó en maldición para su propio pueblo (Núm. 24:14-17). Balaam murió a espada durante una batalla entre los israelitas y los madianitas, quienes habían intentado perjudicar a Israel (Núm. 31:8).
Para reflexionar: No seas ambicioso ni codicies lo que el mundo ofrece, porque podrías apartarte de los caminos de Dios y perder las bendiciones que Él tiene preparadas para ti. No intentes tener un pie en el mundo y otro sirviendo a Dios; al Señor no le agrada eso y podrías convertirte en su enemigo.
“¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios.”
Santiago 4:4
Oración: Jehová, mi Señor, ayúdame a serte fiel.

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