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Viviendo por la fe
Magda Padilla
“7 Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros»
-Corintios 4:7
“8 que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados;9 perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; 10 llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos. 11 Porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. 12 De manera que la muerte actúa en nosotros, y en vosotros la vida. 13 Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos,14 sabiendo que el que resucitó al Señor Jesús, a nosotros también nos resucitará con Jesús, y nos presentará juntamente con vosotros. 15 Porque todas estas cosas padecemos por amor a vosotros, para que abundando la gracia por medio de muchos, la acción de gracias sobreabunde para gloria de Dios. 16 Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día. 17 Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria; 18 no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas.” –Corintios 4:8-18”
2 Corintios 4:7-18 reflexiona sobre la fragilidad humana, a pesar de poseer la gloria de Dios. El pasaje destaca que Dios utiliza a seres humanos frágiles e imperfectos, como “vasijas de barro”, para transmitir Su poder al mundo. A pesar de las tribulaciones y sufrimientos que enfrentan, los siervos de Dios no se desaniman ni se rinden, confiando en el poder eterno de Dios, que trasciende lo temporal.
El pasaje enfatiza que el tesoro de la gloria de Dios se guarda en “vasijas de barro”, que representan la vulnerabilidad humana. Esta metáfora subraya que el poder de Dios no proviene de nosotros, sino que se manifiesta a través de nosotros.
Aunque enfrentan tribulaciones, los siervos de Dios no se desaniman ni se desesperan. La persecución, la aflicción y la derrota temporal no los vencen, sino que los fortalecen en su fe.
El pasaje invita a no fijar la mirada en las cosas visibles y temporales, sino en las que no se ven y son eternas. Las dificultades de esta vida son pasajeras, pero la gloria que Dios concede es eterna y trascendente.
A pesar del desgaste de la vida física, los siervos de Dios son renovados día a día. La esperanza en la resurrección y la vida eterna les da fuerzas para continuar su servicio.
El sufrimiento y la tribulación son medios para la glorificación de Dios. Su gloria se manifiesta a través de la fe, la perseverancia y la confianza en Su poder.
2 Corintios 4:7-18 es un llamado a la humildad, la perseverancia y la confianza en Dios. Nos recuerda que, a pesar de nuestra fragilidad, podemos ser instrumentos de Su poder, y que la gloria eterna trasciende nuestras dificultades temporales.
¡Bendiciones
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