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¿Quién dice la gente que soy yo?
Dra. Moraima De Hoyos Ruperto
«Miren cuánto nos ama el Padre, que nos ha llamado sus hijos, ¡y lo somos!» — 1 Juan 3:1
Vivimos en la era de las etiquetas. En la escuela eres «el inteligente» o «el que siempre se mete en problemas». En redes sociales, eres el número de tus seguidores o el alcance de tu último post. Incluso en tu familia, puedes ser «el que nunca hace nada bien» o «la que tiene que ser perfecta».
El problema de las etiquetas es que son como post-its: se pegan fácil, pero se caen al primer viento. Si tu identidad depende de lo que otros dicen, de cómo te sientes hoy o de cuánto has logrado, siempre vivirás con ansiedad. ¿Por qué? Porque si eso cambia, tú «dejas de ser».
El Espejo Distorsionado
Imagina que vas a una feria y entras a la casa de los espejos. Uno te hace ver altísimo, otro, bajito, y otro, deforme. ¿Cuál es el real? ¡Ninguno! Pero si pasas todo el día ahí dentro, terminarás creyendo que eres así.
El mundo es esa casa de espejos. Te dice que vales por tu apariencia, por tu cuenta bancaria o por tu estatus. Pero Dios tiene un espejo diferente.
Tu Identidad de Diseño
Cuando Dios te mira, no ve tus errores, tus fracasos ni tus etiquetas sociales. Él ve a alguien por quien valió la pena dar la vida. La salvación no solo te salva del «castigo», sino que también te salva de la mentira de no saber quién eres.
«Miren cuánto nos ama el Padre, que nos ha llamado sus hijos, ¡y lo somos!» — 1 Juan 3:1
Fíjate en esa última frase: «¡Y lo somos!» No dice «lo serás cuando te portes mejor» ni «lo eres si te lo mereces». Es un hecho legal y espiritual desde el momento en que aceptas Su amor.
De «Seguidor» a «Hijo»
Hay una gran diferencia entre ser un seguidor de alguien en redes y ser su hijo:
- Un seguidor tiene que dar «like» y comentar para ser notado. Si deja de interactuar, el algoritmo lo olvida.
- Un hijo tiene un lugar en la mesa aunque no diga nada. Su lugar no depende de su desempeño, sino de su sangre.
Jesús vino a decirte que ya no tienes que «actuar» para ser aceptado. En el plan de Dios, tu identidad no es algo que tú construyes; es algo que tú recibes.
«Tu centro define tu paz. Deja que Dios sea tu núcleo»
El reto de la semana:
Toma un papel y escribe las 3 etiquetas que más te pesan (ej: «fracasado», «invisible», «insuficiente»). Luego, táchalas fuerte y escribe al lado: HIJO / HIJA.
Esa es la única verdad que no caduca.
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