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Iluminación decorativa o luz verdadera
Moraima De Hoyos Ruperto
“Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”
-Mateo 5:16
Mateo 5:16 nos invita a que brille la luz de Cristo en nosotros.
«Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos».
Esto me puso a pensar en algo que sucede usualmente cuando es de noche: podemos ver las cosas y nos parecen maravillosas porque hay luces decorativas que llaman la atención y hacen que todo se vea mejor. Por ejemplo, a veces vamos a lugares de comida o lugares turísticos que visitamos de noche y se ven espectaculares; tienen unas luces tenues que hacen el lugar llamativo y hermoso.
Sin embargo, cuando vemos ese mismo lugar a la luz del pleno día, no es tan fabuloso como parecía en la oscuridad. Quizás es un lugar común que no llama la atención e inclusive, como decimos en Puerto Rico, parece una ratonera de cantazo; un lugar con poca importancia. Pero con las lucecitas y la noche, parecía ser algo espectacular.
En la Palabra de Dios se nos dice que TODO va a salir a la luz. Todo lo oculto, todas las intenciones ocultas, todos los planes perversos, etc., Dios los saca a la luz. Como nos recuerda Efesios 5:13:
«Mas todas las cosas, cuando son puestas en evidencia por la luz, son hechas manifiestas; porque la luz es lo que manifiesta todo».
Ciertamente, cuando la luz da de frente a las cosas, se dejan ver tal cual son. A quienes limpiamos nuestras casas nos pasa mucho: pensamos que algo está limpio, pero cuando un rayo de sol da directo en ese lugar, podemos ver que realmente está lleno de polvo. No estaba tan limpio como creíamos.
Ese llamado a permitir que la luz de Cristo venga directo a nuestras vidas me hace pensar en que debemos ser honestos y mostrar la verdad de lo que somos y de lo que realmente está pasando en nuestras vidas. Ante la luz de Cristo nada quedará oculto.
No debemos ser como esos lugares que se ven hermosos en la noche por las luces decorativas, pero realmente no lo son.
Dios quiere alumbrarnos y quiere sacar de nosotros ese polvo que nos ensucia, que no nos deja brillar y que nos impide ser transparentes en nuestras vidas.
Hoy te hago un llamado a que dejes que la luz de Cristo realmente alumbre tu vida y saque todo lo que está oculto, lo que no es correcto o lo que no es de su agrado. Que Él te limpie, pues como dice el salmista en el Salmo 51:7:
«Purifícame con hisopo, y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve».
Si somos lavados por Él, seremos verdaderamente purificados para poder brillar con la luz verdadera.
¡Bendiciones!
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